
Estaba el otro día hablando con unos amigos sobre Skyrim cuando me dí cuenta de una cosa: la objetividad no existe. Mientras que unos defendían su condición de juegazo por el enorme mundo que ofrecía, otros se quejaban del tedio de explorar un mapa tan grande como insustancial. Unos aplaudían sus misiones casi infinitas, y otros pedían menos tareas pero más elaboradas. Mientras yo, escuchando sin querer entrar mucho en el debate, supe que la subjetividad es el modo perfecto para vivir. Skyrim es genial por su mundo, y es horrible por él. Es eterno por sus misiones, y simple por ellas. Porque cada uno tiene su opinión, la objetividad no existe; bueno, si eso son los padres.











