Estamos en el año 2013 después de Jesucristo. Toda la industria del videojuego está ocupada por los AAA y los gráficos hiperrealistas… ¿Toda? ¡No! Un pequeño juego poblado por irreductibles rectángulos resiste todavía y siempre al invasor…

Actualmente, donde los potentes motores gráficos, las explosiones y las físicas más complejas pueblan las listas de juegos más vendidos y acaparan el mercado, encontrarnos con un juego como Thomas Was Alone es señal de que a veces nos olvidamos de la pureza y la simplicidad de la palabra “diversión”. Mike Bithel (@Mikebithell) decidió olvidarse todo lo superfluo, y empezó a soltar todo ese lastre a la hora de crear este juego. La manera más sencilla de explicar que es Thomas Was Alone sería decir que nuestro objetivo es encajar unos rectángulos de colores en sus correspondientes huecos, pero dicho así no suena tan apetecible, verdad? Para ello, necesitaremos una respuesta un poco más extensa….
Thomas es una IA (Inteligencia Artificial) dentro de un ordenador que, cansado de realizar siempre las mismas rutinas, empieza a cuestionarse su existencia y su función. Así que decide terminar con todo eso, y marcharse en busca de respuestas. Las mismas mismas respuestas que todos perseguimos y que en algún momento de nuestras vidas nos hemos planteado: ¿Quienes somos? ¿A donde vamos? ¿De donde venimos? ¿Estamos solos en este universo? Así de esta manera, emprenderá un viaje hacia lo desconocido.

Thomas Was Alone luce un aspecto visual que a falta de encontrar otra palabra mejor, definiremos como “peculiar”. Y es que este juego en 2D es quizá el paradigma de lo minimalista: Un fondo de color solido, con varias estructuras y plataformas negras de lineas gruesas, y unos sencillos rectángulos de colores con los cuales sólo podremos movernos y saltar. Jugablemente tampoco destaca por mostrarnos innovaciones revolucionarias. Cada rectángulo, IA, o personaje (depende de como queramos denominar a nuestros protagonistas) posee una característica y forma que lo hace diferente al resto. Uno saltará más alto, otro podrá flotar en el agua, otro nos permitirá rebotar sobre su superficie, etc. La mecánica del juego es ir combinando esas diferentes características para poder avanzar a lo largo de la pantalla y llegar a nuestro objetivo. Y ya está. Visual y jugablemente no encontraremos gran cosa más. Pero no cometáis el error de juzgar un libro por su portada, ya que la grandeza de este juego no se encuentra en su jugabilididad, sino en su historia y sus personajes.

A medida que vayamos encontrando otras entidades, un narrador en off se encargará de traducir los sentimientos y pensamientos de esas pequeñas y graciosas formas poligonales. Poco a poco iremos descubriendo que cada IA tiene su propio carácter, su personalidad, su sentido del humor y su filosofía de vida. Y aquí radica la magia de este juego. Thomas Was Alone consigue insuflar sentimientos a esos seres inanimados, dotarlos de motivaciones para seguir adelante, y lo mas importante, conseguir que esos rectángulos de colores nos importen.

El juego sabe usar sus cartas, y para enfatizar su brillante guión y la actuación de esa voz en off a modo de narrador omnisciente, usa una de las B.S.O. más bonitas y relajantes que oído en años. David Housden es el artífice de las piezas musicales que nos acompañaran a lo largo de este periplo, y su gran maestría a la hora de componer piezas simples a la par que harmoniosas con aquello que vemos en pantalla, hace que nuestro corazón se vuelque cada vez más en las aventuras de Thomas y sus amigos. También, y pese a que con anterioridad he dicho que visualmente el juego podría parecernos algo simple, algunas pantallas hacen gala de un juego de luces y sombras que ligan perfectamente con la tónica del juego, sencillas pero efectivas, aumentando el dramatismo en determinados momentos.

La obra de Bithel es corta, no nos vamos a engañar. En una tarde, y sin mucho esfuerzo, nos podremos pulir el titulo del tirón. El juego consta de 10 partes, con 9 puzzles cada una, y siendo honestos la dificultad brilla por su ausencia. Quizá aquí es donde le podríamos achacar algún fallo al titulo. Pero su corta duración es intencionada. El juego dura lo que tiene que durar, y alargarlo más podría ser un fallo. Si bien es cierto que los desafíos no suponen ningún reto al jugador, su resolución nos anima a devorar las pantallas con dinamismo, ansiando así las ganas de avanzar en la trama y conocer más detalles sobre sus geométricos héroes.

Poco más se puede decir de Thomas Was Alone, solamente animar a todo aquel que quiera a descubrir una maravillosa historia sobre la amistad, la aceptación de nuestras propias limitaciones y cómo, con la ayuda de los demás, podemos superar todos los obstáculos que nos plantea la vida. Porque este el autentico espíritu del juego, aprender que pese a nuestras diferencias, a todos nos aterra la idea de estar solos, y que conocer gente es hacernos un bien a nosotros mismos; aprender de los demás, reflexionar sobre nuestra persona y poder así, afrontar el miedo de exponer nuestros sentimientos al exterior.

Thomas Was Alone desprende carisma por todos y cada uno de los vértices de sus personajes, y el mimo y cariño con el que se ha hecho este juego se hace patente desde el primer minuto. En el fondo todos tenemos un pequeño Thomas en nuestro interior, y al igual que es una pena dejar que nuestro egocentrismo nos impida descubrir la inestimable ayuda y apoyo de aquellos que nos rodean, también lo seria dejar pasar la oportunidad de jugar a este precioso juego por el hecho de que visualmente sólo son cubos saltarines.